Educar con el ejemplo: la vacuna diaria contra el ciberacoso
1/12/20263 min leer
El ciberacoso no empieza en la pantalla: empieza en cómo normalizamos el trato a los demás. En casa, el ejemplo pesa más que cualquier charla “sobre internet”. Si queremos que nuestros hijos no acosen, no lo sufran y no lo consientan, la prevención se construye con hábitos diarios.
Este artículo está inspirado en el contenido de INCIBE (Internet Segura for Kids):
La tecnología amplifica lo bueno… y también lo dañino. El ciberacoso puede presentarse como comentarios hirientes en redes, difusión de imágenes inadecuadas, exclusión de grupos, mensajes hostiles o burlas repetidas que deterioran la autoestima y la seguridad emocional de la víctima.
Y un matiz importante: no es “una broma” si humilla, aísla o amenaza. Lo digital deja rastro y, muchas veces, multiplica el impacto.
Los menores aprenden de lo que hacemos y de lo que decimos. Si normalizan en casa la burla, el desprecio, el “reenviar por reírnos”, o la impulsividad cuando estamos enfadados, es más fácil que repitan esos patrones en chats, redes o videojuegos.
Educar con el ejemplo no significa ser perfectos. Significa corregirnos, pedir perdón cuando toca y mostrar una forma de relacionarnos que no dañe a otros.
Siete hábitos en casa que frenan el ciberacoso (de verdad):
Practicar empatía y respeto en lo cotidiano
No hace falta un gran discurso. Sirve más una conversación breve cuando aparece un comentario cruel, un meme humillante o un vídeo que ridiculiza a alguien. La idea es que aprendan a ponerse en la piel del otro.Entrenar la autoestima (no el ego)
Un menor con autoestima trabajada tolera mejor la presión del grupo, se defiende antes y pide ayuda con menos vergüenza. Reforzar pequeños logros y reconocer esfuerzos es prevención.Uso responsable de la tecnología, empezando por los adultos
Si queremos límites, coherencia y buen trato online, conviene que el hogar sea un lugar donde la vida digital tenga los mismos límites que la presencial.Alimentar el pensamiento crítico
No todo lo que circula merece un “like” o un reenvío. Enseñar a parar, pensar y valorar consecuencias evita la complicidad pasiva.Compartir buenas prácticas y contenidos adecuados
Elegir canales, creadores y publicaciones que promuevan valores sanos ayuda a normalizar lo positivo y reduce la exposición a dinámicas tóxicas.Crear una relación de confianza real
Preguntar con calma, interesarnos por lo que ven, con quién hablan y qué les preocupa. El objetivo es que sepan que, si pasa algo, no habrá bronca primero: habrá ayuda primero.Gestionar emociones: menos impulsividad, más pausa
En casa se aprende a discutir sin herir, a enfadarse sin humillar y a reparar el daño cuando nos equivocamos. Ese aprendizaje se traslada a los grupos de WhatsApp, Discord o redes.
INCIBE propone preguntas sencillas que activan reflexión y conciencia emocional. Por ejemplo: “Si ese comentario te lo hicieran a ti, ¿cómo te sentirías?” o “¿Qué podrías hacer para ayudarle?”.
Puedes usarlas como “kit” cuando surja un caso cerca:
Qué crees que sintió esa persona al ver ese meme/foto
Si te pasara a ti, qué te gustaría que hicieran tus amigos
Reenviar esto, ayuda o empeora
Qué harías si mañana fueras tú quien está solo en el grupo
A quién podrías pedir ayuda si esto se descontrola
Si tu hijo lo sufre (o lo presencia), estas medidas suelen ser claves:
Escucha sin culpabilizar y refuerza que no está solo.
Guarda evidencias: capturas, enlaces, fechas, usuarios (no borrar “en caliente”).
Coordínate con el centro educativo si hay vínculo escolar.
Busca apoyo profesional si hay ansiedad, miedo, aislamiento o bajada brusca del rendimiento.
Pide orientación especializada: INCIBE recuerda el servicio 017 como línea gratuita y confidencial.
Y si tu hijo ha participado como agresor o “seguidores” (reenvío, risas, silencio), el enfoque es el mismo: límites claros, reparación del daño y aprendizaje. La impunidad (o minimizarlo) suele empeorar.
Sin entrar en tecnicismos: determinadas conductas digitales pueden tener consecuencias serias (por el daño a la dignidad, amenazas, difusión de imágenes, suplantaciones, etc.). Por eso es tan importante prevenir, intervenir a tiempo y documentar los hechos.
Si hay indicios de gravedad o persistencia, conviene pedir asesoramiento profesional cuanto antes.
La prevención del ciberacoso no empieza instalando una app: empieza con una cultura familiar de respeto, empatía, límites y confianza. Educar con el ejemplo no es un eslogan; es una estrategia de protección real, repetida cada día.
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