Violencia digital contra menores: el nuevo escenario del maltrato invisible

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11/21/20253 min leer

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El desarrollo de la tecnología ha transformado las relaciones sociales, pero también ha abierto un espacio donde la violencia contra los menores se manifiesta con nuevas formas y consecuencias. El capítulo 6 del informe “Prevalencia de la violencia contra la infancia y la adolescencia en España”, elaborado por el Ministerio de Juventud e Infancia en 2025, advierte de un fenómeno en expansión: la violencia digital o ciberviolencia ejercida a través de redes sociales, mensajería o videojuegos en línea.

Según el estudio, uno de cada tres jóvenes (34,5 %) afirma haber sufrido algún tipo de violencia digital durante su infancia o adolescencia. Las conductas más frecuentes incluyen acoso, difusión de imágenes sin consentimiento, amenazas, insultos, control mediante redes, chantaje emocional y manipulación a través de internet. La cifra aumenta hasta el 52 % entre quienes tuvieron pareja durante la adolescencia, lo que demuestra la conexión entre las dinámicas de control y la violencia de género digital.

La violencia digital presenta características particulares. A diferencia de la agresión física o psicológica directa, el daño se multiplica por la permanencia y difusión del contenido. Una foto, un mensaje o un rumor pueden extenderse en cuestión de segundos y mantenerse accesibles durante años. Esto genera en las víctimas ansiedad, aislamiento, miedo a la exposición pública y, en los casos más graves, pensamientos autodestructivos.

El informe detalla que los principales agresores son compañeros de clase (45 %), amigos del entorno digital (28 %) y, en menor medida, parejas o exparejas (17 %). En muchos casos, la violencia se ejerce de manera anónima o colectiva, lo que dificulta su identificación y la denuncia. Los entornos donde más se producen estos episodios son las redes sociales (73 %), las plataformas de mensajería instantánea (61 %) y los videojuegos en línea (34 %).

Desde el punto de vista jurídico, la Ley Orgánica 8/2021, de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI) reconoce la violencia digital como una forma de maltrato y establece medidas específicas para su prevención. La norma obliga a los centros educativos, instituciones y plataformas tecnológicas a adoptar protocolos de actuación ante casos de ciberacoso o difusión de material sensible. Asimismo, exige a los profesionales —entre ellos, abogados, docentes y psicólogos— comunicar cualquier indicio de ciberviolencia que afecte a un menor.

El Código Penal español también contempla diversas conductas relacionadas con la violencia digital. Entre ellas, el acoso (artículo 172 ter), las amenazas y coacciones (artículos 169 y 172), el descubrimiento y revelación de secretos (artículo 197), y los delitos de corrupción y explotación sexual de menores (artículos 183 y 189). Las penas pueden oscilar entre los seis meses y los quince años de prisión, según la gravedad y la edad de la víctima.

La jurisprudencia más reciente del Tribunal Supremo ha reforzado la protección penal frente a delitos cometidos en entornos digitales, reconociendo la especial vulnerabilidad de los menores y la dificultad de eliminar los contenidos una vez difundidos. Por ello, la intervención temprana y la preservación de pruebas digitales (mensajes, capturas de pantalla, correos, metadatos) son esenciales para sustentar la denuncia y garantizar la efectividad del proceso judicial.

El abogado especializado en protección de menores cumple un papel decisivo en estos casos. No solo debe presentar la denuncia y reclamar medidas cautelares para proteger a la víctima, sino también coordinar la asistencia psicológica y asesorar sobre la retirada del contenido de internet. La actuación rápida es crucial: cada día que pasa aumenta el daño y la exposición del menor.

La prevención también tiene una dimensión educativa. Padres, tutores y docentes deben implicarse en la formación digital de los menores, enseñando un uso responsable y seguro de la tecnología. El entorno jurídico puede aportar mucho en este ámbito mediante charlas, protocolos y asesoramiento legal preventivo.

La violencia digital es el reflejo de un problema más profundo: la falta de límites en un espacio donde el daño se propaga sin control. Detectarla y actuar con firmeza es una cuestión de justicia y de protección de derechos fundamentales.

Si un menor de tu entorno sufre acoso, chantaje o difusión de contenido íntimo en redes, busca asesoramiento jurídico especializado. Una intervención legal inmediata puede detener la violencia y restablecer la seguridad del menor.

Alejandro Mejías Guedes, Abogado especializado en protección de menores y víctimas de violencia.