Violencia por negligencia en la infancia: la forma de maltrato más invisible
11/18/20253 min leer


La violencia por negligencia es una de las formas más silenciosas de maltrato infantil, pero también una de las más dañinas. El capítulo 5 del informe “Prevalencia de la violencia contra la infancia y la adolescencia en España”, elaborado por el Ministerio de Juventud e Infancia en 2025, pone cifras a una realidad que con frecuencia pasa desapercibida. Según los datos del estudio, uno de cada cuatro jóvenes (24,4 %) reconoce haber sufrido negligencia o abandono durante su infancia o adolescencia.
El informe define la violencia por negligencia como la falta de cuidados, atención o protección por parte de las personas responsables del bienestar del menor. No se trata de un hecho puntual, sino de una situación sostenida en el tiempo que priva al niño de alimentación adecuada, higiene, atención médica, educación, afecto o acompañamiento emocional. Esta forma de violencia vulnera derechos fundamentales reconocidos en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Ley Orgánica 8/2021, de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI).
La negligencia se manifiesta en múltiples formas: dejar solos a los menores durante largos periodos, ignorar sus necesidades afectivas, no llevarlos al colegio, no proporcionar atención sanitaria o permitir entornos familiares con violencia constante. En muchos casos, no existe una intención directa de causar daño, pero la omisión de cuidados tiene consecuencias graves sobre el desarrollo físico, psicológico y social del menor.
El estudio destaca que la violencia por negligencia afecta por igual a niños y niñas, aunque se detectan ligeras diferencias según el entorno. Los principales responsables son los padres (65 %) y las madres (62 %), seguidos por otros familiares o cuidadores. Los entornos donde se produce con mayor frecuencia son el hogar (92 %), el entorno escolar (28 %) y los servicios institucionales de cuidado (11 %).
Desde la perspectiva jurídica, la negligencia constituye una forma de violencia reconocida expresamente en la LOPIVI. Su artículo 19 establece la obligación de todos los profesionales que trabajen con menores de comunicar cualquier indicio de desatención o abandono, incluso cuando no existan lesiones físicas visibles. Además, el Código Penal español tipifica como delito el abandono de menores en su artículo 226, castigando a quienes incumplen los deberes inherentes a la patria potestad, tutela o guarda.
El impacto de la negligencia infantil es profundo y duradero. Los menores que crecen sin cuidados adecuados presentan más probabilidades de sufrir ansiedad, depresión, fracaso escolar o conductas autodestructivas. Desde el punto de vista forense, estos efectos deben ser valorados a través de informes psicológicos y sociales que permitan acreditar la situación ante los tribunales.
En la práctica legal, los casos de negligencia suelen aparecer en procedimientos de familia, especialmente en situaciones de separación o conflicto parental. La falta de atención médica, la desescolarización o la exposición a entornos violentos pueden dar lugar a medidas como la suspensión de la patria potestad, el acogimiento temporal o la pérdida de la guarda. En estos supuestos, la intervención del abogado es esencial para garantizar que las decisiones judiciales se adopten siempre bajo el principio del interés superior del menor.
La respuesta jurídica ante la negligencia debe ser preventiva y protectora. No se trata únicamente de sancionar, sino de activar mecanismos de apoyo familiar, supervisión y acompañamiento profesional. La coordinación entre abogados, servicios sociales y equipos psicosociales es clave para ofrecer soluciones efectivas y seguras.
Como abogado especializado en protección de menores y víctimas de violencia, defiendo un enfoque integral en estos casos: intervenir con rapidez, evaluar el entorno del menor, solicitar las medidas de protección necesarias y asegurar que se respeten sus derechos durante todo el proceso judicial. La negligencia no deja marcas físicas, pero deja heridas invisibles que condicionan el futuro del niño o la niña.
Proteger a la infancia frente al abandono y la desatención es una obligación legal, pero también un compromiso ético. Detectar a tiempo la negligencia y actuar desde el derecho puede cambiar el rumbo de una vida.
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